|
...las ínsulas estrañas...
Temas
Archivos
Enlaces
|
Se muestran los artículos pertenecientes a Abril de 2005.
08/04/2005
Imposible propensión al mitoOLOR A LLUVIA
Confundido en el aire quieto olvidé todas tus palabras su débil huella. Lo que fue se deshizo como una rosa.
Ya no existen las buganvillas junto al garaje y no hay arriates ni el limonero echa la flor que te envolvía con su aroma.
En el jardín abandonado olor a lluvia y aire quieto. Sobre tu ausencia se oye el mar y un griterío de gaviotas.
(José Agustín Goytisolo)
El Goytisolo que nos dejó estos versos era ya viejo. Aún, hoy es siempre todavía, planea la muerte de su madre, Julia, en un bombardeo sobre Barcelona. Pero los años pasan, y en lo que Biedma cristalizó en la imposible propensión al mito, pesan. Ni el limonero echa la flor que te envolvía con su aroma ni el tiempo volverá. Nunca. La memoria, corrompida, ya no discierne: ¿era ese olor... o era otro? ¿Hoy es siempre todavía?
09/04/2005
Conversaciones privadasORILLAS DE TU VIENTRE
¿Qué exaltaré en la tierra que no sea algo tuyo? A mi lecho de ausente me echo como una cruz de solitarias lunas del deseo, y exalto la orilla de tu vientre.
Clavelina del valle que provocan tus piernas. Granada que has rasgado de plenitud su boca. Trémula zarzamora suavemente dentada donde vivo arrojado.
Arrojado y fugaz como el pez generoso, ansioso de que el agua, la lenta acción del agua lo devaste: sepulte su decisión eléctrica de fértiles relámpagos.
Aún me estremece el choque primero de los dos; cuando hicimos pedazos la luna a dentelladas, impulsábamos las sábanas a un abril de amapolas, nos inspiraba el mar.
Soto que atrae, umbría de vello casi en llamas, dentellada tenaz que siento en lo más hondo, vertiginoso abismo que me recoge, loco, de la lúcida muerte.
Túnel por el que a ciegas me aferro a tus entrañas. Recóndito lucero tras una madreselva hacia donde la espuma se agolpa, arrebatada del íntimo destino.
En ti tiene el oasis su más ansiado huerto: el clavel y el jazmín se entrelazan, se ahogan. De ti son tantos siglos de muerte, de locura como te han sucedido.
Corazón de la tierra, centro del universo, todo se atorbellina, con afán de satélite en torno a ti, pupila del sol que te entreabres en la flor del manzano.
Ventana que da al mar, a una diáfana muerte cada vez más profunda, más azul y anchurosa. Su hálito de infinito propaga los espacios entre tú y yo y el fuego.
Trágame, leve hoyo donde avanzo y me entierro. La losa que me cubra sea tu vientre leve, la madera tu carne, la bóveda tu ombligo, la eternidad la orilla.
En ti me precipito como en la inmensidad de un mediodía claro de sangre submarina, mientras el delirante hoyo se hunde en el mar, y el clamor se hace hombre.
Por ti logro en tu centro la libertad del astro. En ti nos acoplamos como dos eslabones, tú poseedora y yo. Y así somos cadena: mortalmente abrazados.
(Miguel Hernández)
- ¿Por qué lees poesía? - ¿Hum? No sabría decirlo. En ocasiones pienso que para suplantar. - ¿Suplantar? - Sí, claro. Piensas que algo te falta, y entonces lo buscas en unas palabras que alguien dejó sobre el papel. Podrían ser mentira, pero tú logras hacerlo real o, al menos, creerlo real. - ¿Sucede siempre, con cualquier poesía? - No... no siempre. A veces lees... ya sabes, por puro goce estético, o realizas una lectura demasiado automática que se limita a recoger lo que piensas llamativo de tal poesía. Pero hay algunas que poseen un poder empático mucho mayor, aunque siempre depende de quien lo lee. En mi caso suele ocurrir con los que se relacionan con el amor. - Suena... cursi, ¿no? - Bueno, no sólo amor, la palabra está realmente desprestigiada. Son los sentimientos. Los que te elevan sobre ti, los que te recogen con una dulzura tal que realmente ves a tu chica esperándote, como si estuviera allí, y pronto fuerais a uniros en uno. - Recuerdo que antes escribiste algo, trataba sobre desenamorarse. ¿Tiene alguna relación? - ¡Sí! Joder... y eso es lo malo... - Explícate. - Estás en un punto tal que todo te parece vacío. hay sentimientos que crees que nunca se repetirán y... no... corrijo: que tienes la certeza de que nunca se repetirán. Y entonces parece que lees para evadirte, para suplantar, en definitiva, como ya dije. Como cuando ves una película romántica a solas, de esas que nunca reconocerías ante tus amigos que alquilas, y mientras dura el metraje piensas con el protagonista, sientes con él... de alguna forma te haces él, en cierta manera. Y estás tranquilo mientras la ves, o mientras lees la poesía. Pero pronto te despiertas y te encuentras en la calle. Rodeado de tus asuntos. Y te ves a ti mismo como lo que eres: alguien patético. - ¿Qué deberíamos hacer entonces? - No sé... esa es la mierda: no queda absolutamente nada.
11/04/2005
TributoAMISTAD A LO LARGO
Pasan lentos los días y muchas veces estuvimos solos. Pero luego hay momentos felices para dejarse ser en amistad. Mirad: somos nosotros.
Un destino condujo diestramente las horas, y brotó la compañía. Llegaban noches. Al amor de ellas nosotros encendíamos palabras, las palabras que luego abandonamos para subir a más: empezamos a ser los compañeros que se conocen por encima de la voz o de la seña.
Ahora sí. Pueden alzarse las gentiles palabras -ésas que ya no dicen cosas-, flotar ligeramente sobre el aire; porque estamos nosotros enzarzados en mundo, sarmentosos de historia acumulada, y está la compañía que formamos plena, frondosa de presencias. Detrás de cada uno vela su casa, el campo, la distancia.
Pero callad. Quiero deciros algo. Sólo quiero deciros que estamos todos juntos. A veces, al hablar, alguno olvida su brazo sobre el mío, y yo aunque esté callado doy las gracias, porque hay paz en los cuerpos y en nosotros. Quiero deciros cómo todos trajimos nuestras vidas aquí, para contarlas. Largamente, los unos con los otros en el rincón hablamos, tantos meses! que nos sabemos bien, y en el recuerdo el júbilo es igual a la tristeza. Para nosotros el dolor es tierno.
Ay el tiempo! Ya todo se comprende.
(Jaime Gil de Biedma)
Me vais a perdonar el ramalazo sensiblero. Pero nunca podré dejar de dar gracias por tener pocos poemas tan míos como éste. Troyano, Jiménez, Javi, Jesús... no veo el momento de volver a reunirnos. Y olvidar los brazos.
14/04/2005
EróticaVen a dormir conmigo. No haremos el amor, él nos hará.
(Julio Cortazar)
Sí, simplemente.
19/04/2005
La alteridadCAN VEI LA LAUZETA MOVER
Can vei la lauzeta mover de joi sas alas contra•l rai, que s’oblid’es laissa chazer per la doussor qu’al cor li vai, ai! tan grans enveya m’en ve de cui qu’eu veya jauzion, meravilhas ai, car desse lo cor de dezirer no•m fon.
Ai las! tan cuidaba saber d’amor, e tan petit en sai! car eu d’amar no•m posc tener celeis don ja pro non aurai. Tout m’a mo cor, e tout m’a me, e se mezeis’e tot lo mon; e can se•m tolc, no•m laissez re mas dezirer e cor volon.
(…)
(Bernart de Ventadorn)
[Cuando veo la alondra que mueve/ de alegría sus alas contra el rayo de sol/ y que se olvida y que se deja caer/ por la dulzura que le entra en el corazón,/ ¡ay!, entonces siento tal envidia/ por cualquiera que me vea alegre, que me admira cómo al instante/ el corazón no se me funde de deseo.// ¡Ay, desdichado! ¡creía saber tanto/ de amor, y sé tan poco!/ pues no puedo abstenerme de amar/ a aquella de la que no tendré beneficios./ Me ha quitado mi corazón, y a mí/ y a sí misma, y a todo el mundo;/ cuando se me fue, no me dejó nada,/ sino deseo y corazón anhelante. (…) -trad. de Carlos Alvar-]
Este poema es precioso. Pero la lírica provenzal (siglos XII y XIII) nos deja un regusto extraño, demasiado lejano en el tiempo. Ahora, ¿quién lee en provenzal, u occitano? El joi, el jauzion, no podemos hacer otra cosa que traducirlo como alegría. Pero falseamos el significado: debemos saber que es, sencillamente, un estado del espíritu –amoroso- que eleva al hombre por encima de sí mismo.
Y ahora podemos entender las contradicciones del tímido Bernart de Ventadorn. Pobre envidioso, admirado de que el corazón no se me funde de deseo, quejoso por una amada que no me dejó nada. Alegre, gozoso, doliente al mismo tiempo. Todo lo condensa el joi. Pero fijaros, notad la increíble voracidad con la que el cor se apropia del poema…
24/04/2005
Lo fatalDE LA MANO
No somos mucho: un hombre y una niña en la húmeda noche de verano. Nadie nos mira, nadie nos conoce. Y vamos de la mano entre las sombras, sin prisa, mientras muge el mar inquieto. Cantan los grillos. Tiemblan las luciérnagas. La tierra recompone sus pedazos.
Incontables estrellas nos vigilan con ojos ciegos, brillantes de asombro mientras giran y pasan y se extinguen. Nada es, si nada dura. Y caminamos sin saber hacia dónde, ni si existe el camino de vuelta, o si hay camino. Pero sé que tu mano está en la mía, y que todo irá bien si no la sueltas.
(Eduardo Jordá)
Hay que entender que una sombra se cierne sobre la niña. Posiblemente, nunca veremos a la mujer. El hombre, temeroso, se dispone a agarrar cada momento, asido al ahora como la llama al cirio -en una tempestad-. Pero… nada es, si nada dura. Y volvemos al primer verso. Plural, primera persona. Los destinos se entrelazan, cruzados, en una indescifrable maraña de incógnitas, vuelan, contemplan asombrados el mundo, mientras la tierra recompone sus pedazos…
|