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...las ínsulas estrañas...
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Se muestran los artículos pertenecientes a Febrero de 2005.
17/02/2005
La decadencia del simbolismoO anel do meu amigo perdi-o so lo verde pinho, e chor'eu, bela.
O anel do meu amado perdi-o so lo verde ramo, e chor'eu, bela.
Perdi-o so lo verde pinho; por en chor'eu, dona-virgo. E chor'eu, bela.
Perdi-o so lo verde ramo; por en chor'eu, dona d`algo. E chor'eu, bela.
(Nunes)
[El anillo de mi amigo lo perdí bajo el verde pino, y lloro ya, bella. El anillo de mi amado lo perdí bajo el verde ramo, y lloro ya, bella. Lo perdí bajo el verde pino; por eso lloro yo, doncella. Y lloro ya, bella. Lo perdí bajo el verde ramo; por eso lloro yo, donc...algo. Y lloro ya, bella]
(comenzó la clase, hola, ¿cómo estáis? el simbolismo, debéis saber, es como una ecuación, se dice una palabra que evoca en plano onírico otros significados...) Todos juntos, en el pueblo Misterio, se reúnen, al calor de los abedules de la plaza, y cantan (la maestra habla de las cantigas d`amigo... Chicojerseyrojo toma apuntes, Adóndevuela revolotea su mirada por la ventana), sobre todo cantan. Unos, dos versos. Todos, el estribillo. Y los otros, dos versos. Hay una zagala bailando. Un mozo, con aire calculadamente distraído, la observa (la voz femenina, en relación con las jarchas, y diferenciándose de...) y busca encontrarse la mirada con ella (...pues al igual que la fuente es el reducto femenino, bajo el pino, como bajo el olivo, es un símbolo del encuentro amoroso... Chicojersey rojo apunta, al lado de los versos: hay folleteo). Ella está radiante como la nieve. Se estremece (Adóndevuela se apoya en su brazos, cruzados). (el anillo es una muestra de que ha habido consentimiento, es la prenda de amor y su pérdida, como ya estaréis intuyendo...). Una ligera brisa. (¿lo véis? Antes, era dona-virgo, ahora, es dona d'algo) Las miradas se han cruzado, y parece percibirse, con nitidez, un escalofrío en las miradas (¿qué es lo que pasa, por tanto, en el poema? pregunta la profesora, y Chicojersey rojo responde con prontitud: se han encontrado, han tenido sexo, y ella ha perdido la virginidad, el motivo de su llanto) Se han mirado (¿ves algo tú, Adóndevuela? pregunta, y el chico, aún con un ligero temblor en las pupilas, vuelve a imaginarse la canción). Sí, algo ha ocurrido.
(ejercicio para casa: en todo lo dicho... ¿hay algún símbolo?)
18/02/2005
Sedentarismo vs nomadismoLA DESCONOCIDA
En aquel tren, camino de Lisboa, en el asiento contiguo, sin hablarte -luego me arrepentí. En Málaga, en un antro con luces del color del crepúsculo, y los dos muy fumados, y tú no me miraste. De nuevo en aquel bar de Malasaña, vestida de blanco, diosa de no sé qué vicio o qué virtud. En Sevilla, fascinado por tus ojos celestes y tu melena negra, apoyada en la barra de aquel sitio siniestro, mirando fijamente -estarías bebida- el fondo de tu copa. En Granada tus ojos eran grises y me pediste fuego, y ya no te vi más, y te estuve buscando. O a la entrada del cine, en no sé dónde, rodeada de gente que reía. Y otra vez en Madrid, muy de noche, cada cual esperando que pasase algún taxi sin dirigirte incluso ni una frase cortés, un inocente comentario... En Córdoba, camino del hotel, cuando me preguntaste por no sé qué lugar en yo no sé qué idioma, y vi que te alejabas, y maldije la vida. Innumerables veces, también, en la imaginación, donde caminas a veces junto a mí, sin saber que decirnos. Y sí, de pronto en algún bar o llamando a mi puerta, confundida de piso, apareces fugaz y cada vez distinta, camino de tus mundo, donde yo no podré tener memoria.
(Felibe Benítez Reyes)
La primera vez que leí este poema, no pude evitar pensar en Martín Marco, el inevitable protagonista de La Colmena -que tantas horas obligatorias nos robó en el instituto. Su característica era el nomadismo, vagando de un lado a otro, además de una perenne insatisfacción sólo ligeramente colmada en la cama con Purita, la ramera. Más tarde situé el poema “en la imaginación”, y todo se volvió de repente tremendamente sedentario. Cuando releía el poema descubría que, al igual que antes Julio Salinas y mucho antes Fernando de Herrera, el poeta vivía en los pronombres. Y al fin descubrí que no tendríamos memoria en sus mundos. En sus mundos, porque hay tantos mundos como chicas -amadas. Vagar, de nuevo, pasaba a un primerísimo primer plano... ¿o no?
Decidme... ¿sedentarismo o nomadismo?
19/02/2005
LiterariedadEl misterio de la literariedad. Ni Riffaterre, ni Trabant, ni Jakobson. Un simple estremecimiento.
25/02/2005
DesenamorarseMUROS
Encontrarte después de tanto y tanto tiempo (las primeras arrugas, el leve maquillaje, no sé si restaurando el cansancio del rostro, el pelo recogido sobre la nuca, ahora, mas con el mismo brillo en la mirada) me hace pensar en la muchacha aquella que yo creía amar de adolescente sin impureza alguna de deseo.
Y es que al verte de nuevo he comprendido (joven aún y tan hermosa como te recordaba, pero no tan altiva y sí más frágil, más deseable así por más humana) cómo no son la carne ni el deseo quienes manchan con ceniza el amor, sino los días. Aquello que perdí y tú perdiste también (al fin lo sé) se debió a la ignorancia. En el amor el verbo con el amor se enreda y las palabras alzan un vasto muro ciego. Sólo es verdad el deseo. Él tan sólo no miente.
Pero quedan los días, los años de extrañeza, la mezquindad del tiempo que nos hace distintos. Y cuando tú me hablas de que ya se hace tarde y tendrás que marcharte (sorprendo un gesto nuevo, un rictus en tu boca que antes no conocía), y al cabo te levantas para decirme adiós, las ruinas de aquel muro que erigió nuestro miedo sobre nosotros caen igual que cae la noche. Impasible, serena y algo fría de octubre.
(Abelardo Linares)
Es extraño. Al menos, es extraño en qué medida uno es capaz de hacer propio un poema, hasta el punto de que el autor queda completamente desdibujado. Tengo la costumbre, a menudo, de leer en voz alta algún poema, mientras paseo por mi habitación. Todavía recuerdo la noche en el que releí este poema. Había pasado tiempo desde la última vez y las circunstancias habían cambiado. Aquella noche me costó conciliar el sueño. De alguna manera, había saltado algún resorte y comprendí que me había desenamorado. De una vieja sombra. Aun así, duele desenamorarse.
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