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...las ínsulas estrañas...
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Se muestran los artículos pertenecientes a Marzo de 2005.
17/03/2005
Was there a timeA CHILD’S CHRISTMAS IN WALES
One Christmas was so much like another in those years around the sea-town corner now and out of all sound except the distant speaking of the voices I sometimes hear a moment before sleep, that I can never remember whether it snowed for six days and six nigths when I was twelve or whether it snowed for twelve days and twelve nigths when I was six. (...) Years and years and years ago, when I was a boy, when there were wolves in Wales, and birds the colour of red-flannel petticoats whisked past the hark-shaped hills, when we sang and wallowed all night and day in caves that smelt like Sunday afternoons in damp front farmhouse parlours, and we cashed bears, the English, with the jawbones of deacons, before the motor-car, before the wheel, before the duchess-faced horse, when we rode the daft and happy hills bareback, it snowed and it snowed.
(Dylan Thomas)
[Las Navidades eran tan parecidas/ en aquellos años por las esquinas/ del pueblo junto al mar,/ y tan silenciosas, excepto el lejano/ parloteo que a veces oigo por un instante/ antes de dormir,/ que nunca puedo acordarme si nevó/ durante seis noches y seis días/ cuando tenía doce años,/ o si nevó doce noches y doce días/ cuando tenía seis (...) Hace muchos, muchísimos años,/ cuando yo era un niño,/ cuando había lobos en Gales/ y pájaros como rojas faldas/ de franela que de súbito/ cepillaban las colinas con forma de arpas;/ cuando cantábamos/ y nos revolcábamos/ toda la santa noche/ y todo el santo día/ en cuevas que olían/ a tardes de domingo/ en las húmedas salas de las granjas,/ y nosotros cazábamos osos/ con el inglés mascullado/ por las mandíbulas/ de los diáconos;/ antes del automóvil,/ antes de la rueda, antes del caballo/ con pinta de duquesa,/ cuando/ cabalgábamos a pelo por las colinas/ chifladas y felices,/ nevaba y nevaba. -trad. de M. Covián-]
He aquí dos pequeños fragmentos de un extenso poema narrativo de Dylan Thomas, el gran poeta etílico. Me lo imagino en algún bar del sur de Manhattan, apurando en un trago el whisky, y rápidamente pidiendo otro. Tal vez garabateando versos en la servilleta de papel, mientras la infancia vuelve sobre sus pasos. ¿Seis y doce? ¿Doce y seis? La memoria nos falla cuando evocas aquel tiempo en el que aún el pecado original no había mellado en uno, y entonces tratamos de aprisionarlo, en imágenes plásticas -¿aquellas tardes de domingo?- condenadas a la corrupción. Pero algo queda, lacerante, feliz: nevaba, siempre nevaba...
28/03/2005
En el principio era la PalabraKATA IOANEN
En el principio era la Palabra y la Palabra estaba cerca del Dios y Dios era la Palabra. Ésta en el principio estaba cerca de Dios. Por medio de ella todo fue creado y nada fue creado sin ella. En ella estaba la vida y la vida era la luz de los hombres. Y la luz brillaba en las tinieblas y las tinieblas no la han hecho suya. Vino un hombre enviado por Dios y su nombre era Juan. Vino como testigo para dar testimonio de la luz para que todos creyeran por él. Él no era la luz, pero daba testimonio de la luz. De la luz verdadera que ilumina a todos los hombres y había de venir al mundo. En el mundo estaba, por medio de ella el mundo fue creado, pero el mundo no la conoció. Vino entre los suyos y los suyos no la recibieron. Pero a los que la recibieron y creen en su nombre los ha hecho capaces de ser hijos de Dios Y éstos no por la sangre ni por la voluntad de la carne ni por la voluntad del hombre, sino por Dios son engendrados. Y la palabra se hizo carne y habitó entre nosotros y hemos visto su gloria: la gloria del unigénito del Padre lleno de gracia y de verdad.
[Comienzo del evangelio de San Juan -trad. de José Ángel Valente-]
En el principio era la Palabra... Sería imposible encontrar hoy en día un discurso como este. Deberíamos remontarnos a las literaturas más primigenias para encontrar el (antaño exotérico) esoterismo que encierra la voz (¿conocéis las kotodama japonesas?) y poder participar, de verdad, en el maravilloso encanto que posee. Somos demasiado intelectuales.
Sólo destellos ahora. Humbert, el de Nabokov, tal vez, cuando Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos desde el borde del paladar para apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo.Li.Ta...
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